Reportajes


De Coquimbo a Alaska en moto: Las rutas de Matías Rovano

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Era un sueño y parecía una locura, pero luego de 16 meses lo lograron. Matías y Paulina tienen un cerro de historias que contar tras protagonizar una travesía que tuvo de todo: momentos extremos, emociones, alegrías y, sobre todo, miles y miles de kilómetros de aventura.

Por: @elwndelabarba

Casi 500 días de recorrido, atravesando países y conociendo personas, paisajes, culturas. Hubo momentos duros, pero muchos más alegres. Aprendió muchísimo y sin duda cumplió un sueño. Quizás por eso al llegar a Alaska, Matías Rovano, periodista coquimbano de 34 años, no aguantó las lágrimas, la emoción rebalsó su casco y un grito poderoso fue más fuerte que el rugir de su moto.

Comenzamos por el final. Rebobinemos un poco, antes de que Matías se subiera a la moto y comenzara su espectacular viaje que lo hizo prácticamente unir América en dos ruedas.

LA MOTO FUE UN CONDIMENTO

Antes de su travesía, Matías trabajaba tanto en medios de comunicación como en instituciones en la región de Coquimbo. Una vida normal que nos lleva a preguntarnos, ¿de dónde nace la idea de llegar en motocicleta hasta Alaska? Este joven aventurero revela a Vida Magazine que la moto fue más bien un condimento, porque viajar siempre ha sido su prioridad.

Desde pequeño disfrutaba las salidas con los scouts y “más grande y con algo de recursos empecé a conocer la región de Coquimbo, luego comencé a hacer rutas por Chile y la moto surgió como un medio útil y eficaz para viajar de forma prolongada, ya que te da autonomía y es económica”.

¿Y por qué hasta Alaska?

Lo de Alaska más que todo con el hecho de fijarme un objetivo, en este caso, geográfico. Siendo de un país austral, Alaska está en el otro extremo, y para mí eso significaba una tarea titánica. Parece lejos, pero no lo es tanto. Comencé el 12 de abril del 2018, una fecha como un mero capricho, porque ese día es mi cumpleaños.

MATÍAS, PAULINA Y LA ANDARIEGA

Este viaje de miles y miles de kilómetros era imposible hacerlo solo, y por este motivo hay dos fieles compañeras que están junto a este motoviajero. Hablamos de Paulina Rojas (28) y su moto, una BMW F800GS Adventure, bautizada como “La Andariega”.

¿Qué significó la compañía de Paulina?

Ella ha sido mi compañera durante esta travesía. Es curiosa la historia, antes de conocernos ella jamás se había subido a una moto y bueno, a esta altura lleva cientos de miles de kilómetros arriba de una.

Paulina es psicopedagoga de profesión y vivía en Huasco. Matías confiesa que a veces la iba a visitar en su moto y comenzaron con tímidos recorridos interurbanos hasta que ya nada los detuvo. Reconoce que la presencia de Paulina ha sido determinante en el viaje, puesto que “hubo momentos en que yo caí emocionalmente, porque estar sometido a tantos estímulos de manera constante puede llegar a sobrepasarte, y ella siempre me contuvo”.

¿El viaje los puso a prueba?

Estamos 24/7 juntos, hay momentos en que no nos soportamos. Hemos estado separados algunas veces. No físicamente, sino espiritualmente. Pero al final eso ha servido para fortalecernos. Al principio ella era más temerosa y hoy es la que da las entrevistas, la que ayuda a hacer contactos. Mirando en retrospectiva, quizás sin ella el viaje hubiera durado mucho menos. Solo con ella sería capaz de hacer otro viaje de esta envergadura; ha sido la mejor compañera de viaje que pude tener.

¿Y qué me dices de “La Andariega”?

Viajar en moto se puede hacer en cualquier tipo, marca o modelo. Lo primordial es tener la convicción de hacerlo. Elegí ese modelo principalmente porque ya lo conocía. Antes tenía una exactamente igual, pero año 2014. Solo la renové porque se dio una posibilidad económica y además todo el equipamiento de mi anterior moto se lo quité e instalé en la nueva, que bauticé como “Andariega”. Particularmente elegí ese modelo porque permite entrar en cualquier tipo de terreno, tiene una excelente autonomía, una buena red de servicio y porque por sus características permiten llevar a dos personas y la carga.

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DE PRIMERA A QUINTA, LA CONQUISTA DE ALASKA

El viaje, en su fase por América, tiene dos partes. Una de ida y otra de regreso. Ambas por tierra. En la ida partieron hacia el sur hasta Ushuaia, Argentina, y desde ahí comenzaron a subir. Pero en Coyhaique empezó a nevar y cruzaron la cordillera con mucho barro y frío, “ahí decidimos emprender hacia el norte para arrancar del clima austral, total, Ushuaia no se moverá de donde está”, pensaron.

Así llegaron casi hasta la frontera con Bolivia, de ahí a Buenos Aires, después Uruguay y por la costa de Brasil subieron hacia la Guyana Francesa, Suriname y Guyana; luego recorrieron todo el Amazonas, le siguió Venezuela, regresaron a Brasil y de ahí tomaron rumbo a Perú, Ecuador y Colombia. Fue en ese país donde tomaron un avión hacia México, para llegar a Estados Unidos, Canadá y finalmente, luego de 68 mil kilómetros, llegaron a la frontera de Alaska el 12 de agosto de 2019, 16 meses exactos desde que salieron de Coquimbo.

¿Pasaron momentos peligrosos?

No, ninguno. De hecho, haciendo este viaje he confirmado el poder que tienen los medios de comunicación sobre las personas. Si hubiese hecho caso a lo que las personas decían, mejor me quedo en casa. Me pude dar cuenta de que el mundo es mucho más amable y bondadoso de lo que nos cuentan. Visitamos algunas de las supuestas ciudades más peligrosas del mundo, donde al comienzo, con menos experiencia, andaba con más cuidado y hasta temor. En Venezuela, que está en una situación sociopolítica bastante complicada, no tuvimos inconvenientes. Una de las cosas simpáticas de América Latina es que los problemas se toman con cierta liviandad. Los chilenos tenemos cierta fama de ser más “serios” o “parcos”. Pero en otros países, a pesar de que estén pasando una calamidad, van con alegría y esperanza por delante. Pero, por otro lado, el conducir una motocicleta implica un riesgo. Y en ese sentido sí hemos estado más expuestos, como en todo el Amazonas, donde no hay infraestructura vial desarrollada.

¿Alguna vez pensaron en dejar todo y volver?

Sí, un par de veces al principio. Yo diría que entré al viaje con propiedad al tercer o cuarto mes. Los primeros fueron una etapa de aprendizaje y adaptación a este nuevo modelo de vida. Hasta marzo de 2018 iba todos los días a trabajar, pagaba mis cuentas y tenía una rutina como todo el mundo. Eso se rompió con el viaje, acostumbrarse a no tener rutina, a no saber qué pasará al día siguiente, a no tener un ingreso fijo puede llegar a ser abrumador si no lo manejas e internalizas adecuadamente. Hoy mi mayor miedo es volver a tener una vida rutinaria como antes de viajar.

¿Qué fue lo primero que se te vino a la cabeza cuando llegaste a Alaska?

No lo sé. Es difícil explicarlo. Pese a que ya ha pasado un tiempo desde ese 12 de agosto (día que cumplió con el objetivo de su travesía), aún no proceso muy bien. Llegar a Alaska fue alcanzar el objetivo, después de un proceso largo y transformador. Obvio que mucha alegría y júbilo. Pero al mismo tiempo fue como ¿y ahora qué? Me di cuenta de eso cuando llegamos a Alaska. Había anhelado tanto ese momento, pero nunca me fijé algún objetivo para después. Me sentí un poco a la deriva… mareado.

LA PAUSA

Viajar kilómetros y kilómetros en este tiempo ha significado un desgaste físico y Matías reconoce que ha sido algo “tremendamente demandante”, por lo que sintió la necesidad de darse unas vacaciones de este viaje. Además, añade que se presentaron algunos inconvenientes que hicieron tomar la decisión de dejar la moto detenida un tiempo y retomar en el futuro.

“Nuestra Andariega quedó en un ‘garage’ en Seattle, Estados Unidos, y nosotros volamos a México, donde vamos a pasar un tiempo. Luego de eso, no lo sé. Capaz que vayamos a Colombia o Chile”, señaló.

¿En qué momento piensas retomarlo?

Por ahora el plan es volver a viajar en 2020. No sé bien en qué momento. Dependemos también de factores climáticos, porque la moto está en Seattle, cerca de la frontera con Canadá, donde el clima sigue siendo muy frío en primavera. Sí queremos dar una vuelta más a Estados Unidos, aunque tenemos que empezar cuando mejore el clima.

Hasta el día de esta entrevista, el destino de esta pareja motoviajera era aún una incógnita, pero hace unos días Matías y Paulina pusieron su mirada en dirección a Chile, decidiendo regresar al país para plegarse a las manifestaciones sociales. Un viaje que, al parecer, sigue en pausa, no así sus ideales.

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EL ROVANO

Matías de profesión es periodista y no ha dejado su rol de comunicador, puesto que registró todo su viaje en la páginawww.elrovano.com, que también puedes encontrar en Facebook, Instagram y YouTube como “El Rovano”.

“Me fijé como objetivo el contar esta historia a través de redes sociales. Además, este no es un proyecto tan personal”, ya que tiene varias empresas y personas detrás como BMW Motorrad La Serena, Liqui Moly, Anlas, Dosruedas, La Pink Tongoy y familia Sanders, Hydromech, Ecorefrigeración, LAMA Coquimbo, JP Comunicación y Diseño, y la Corporación de Turismo, con las cuales tiene compromisos de diverso tipo.

Además, tuvo que fijarse ciertas rutinas: grabar videos, tomar fotos, hacer anotaciones y todo eso llevarlo ordenado, “porque de lo contrario se puede armar un desmadre con tanto material”. Añade que, por lo general, un día a la semana se encarga de dejar todo programado en las diversas plataformas, agregando que genera “ingresos con esto, pues es un proyecto profesional también. Es algo que llevo más directamente con las personas con quienes trabajo, pero escribo para diversos medios en varios países y genero material audiovisual”.

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EL “TOP TRES” DEL VIAJE DE MATÍAS

  1. Siempre pensé que el número uno sería       llegar a Alaska, pero hasta ahora el que atesoro como el mejor “proceso”       fue el cruce del Amazonas. Ha sido la experiencia más extrema que haya       tenido alguna vez. Estando allá, además del desafío que implica conducir por       caminos muy malos, bajo condiciones climáticas tan adversas, te das cuenta       de la fuerza de la naturaleza, de lo pequeño que puedes llegar a ser. Ha       sido la experiencia más acojonante de todas. Nunca la olvidaré.
  2. Sin duda, la llegada a Alaska. Creo que no hay mucho que explicar. Pero fue el momento en que alcanzas el sueño por el que tanto luchaste, el que a veces sonaba onírico, pero ahí está, ya realizado, lo puedes saborear. Y la sensación de conquistar un sueño es inexplicable. Ese día solo lloré de alegría.
  3. Un tercer momento fue cuando vi un oso por primera vez. No sé por qué se ha convertido en uno de mis momentos favoritos, puesto que en todo el viaje hemos visto una infinidad de fauna silvestre. Quizás porque nos habían dicho que tuviéramos cuidado con ellos. No lo sé bien, pero es de mis favoritos.

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